“Soledad”
Pobre.
Tanto amor la estaba intoxicando… sabía que los extremos eran malos, pero no permitiría bajo ninguna circunstancia, que la tristeza se apoderara de ella.
Decidió entonces calmar su desamor… con amor; total, en la Ruleta Rusa las posibilidades de morir se reducían a una sola y ella se sabía con una capacidad interminable de dar amor… ¿porqué habría de desperdiciarlo? Así que ideó un plan.
Los días comenzaron a pasar, mejor dicho, los meses. Lentos y no tanto, de menos bellos a muy hermosos, especialmente cuando se incrementaban sus encuentros con él. Todo era perfecto.
El remedio estaba dando resultado, se decía constantemente con una sonrisa de satisfacción. Las dosis había que aplicarlas en un tiempo limitado, cuyo vencimiento estaba próximo.
Cero efectos secundarios: no sufría, ni extraña, por el contrario estaba compartiendo todo su cariño, mucho cariño y eso realmente la hacía feliz. ¿Habría acaso algo más inofensivo?
Pero cierto día despertó asfixiándose y se cayó de la cama.
Escuchaba dentro de sí mucho ruido, era un escándalo atroz… similar a un enjambre de abejas que le rodeaban los oídos y la picaban en el rostro…
… Soledad estalló en un llanto inconsolable… y fue, cuando el temor se apoderó de ella, que comprendió lo ocurrido: … estaba enamorada…
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